HISTORIAS DE UNA MAMÁ: INICIO DE LA AVENTURA

HISTORIAS DE UNA MAMÁ: INICIO DE LA AVENTURA

El primer bizcocho que hice sin gluten fue el que viene en el libro de rectas de la asociación. Aquel año era un libro blanco con la portada en azul. Recuerdo perfectamente las harinas. Adpan panificable y maíz. Le poníamos chocolate en polvo y a batir… ahí venía lo difícil. Con la densidad de las harinas sin gluten esa tarea se hacía imposible. Se calentaba de forma exagerada la batidora y apenas daban vueltas sus aspas. Tenía que parar, esperar a que enfriara y retomar el ejercicio de batir… Así hasta que lo lograba o se quemaba la batidora. Una, dos, tres… la batidora de mi madre, la de mi abuela. ¡Era imposible! No ganaba para batidoras, daba igual la potencia, la marca… Y ese bizcocho era lo primero que se hacía el sábado antes de que despertara la niña. Sonaba el despertador para ponerse en marcha la batidora y yo y ya sudaba… Luego empecé a hacerlo en partes. Un poco de harina, batimos reposamos, el resto de harina, batimos, reposamos. Batimos, reposamos… así hasta la incorporación del chocolate en polvo que cogía la lengua de gato y con movimientos envolventes acababa a mano. Al horno. El olor, el sabor y la cara de Sinaí… un gran resultado final.
Se complicaba mucho a la hora de realizar el pan… Ese era, en especial, la obsesión de mi marido. Sin Goma Xantana, sin Pysillium… solo la harina y las manos. Me ponía histérica no poder despegar la masa de las manos, ¡tan pegajosa! Amasar se hacía complicadísimo, si le echabas más harina a la hora de la cocción el pan quedaba duro. Así que amasábamos lo justo (además las masas sin gluten no retienen los líquidos, excusamos un amasado prolongado) no se podía darle forma manualmente, así que usábamos manga pastelera, y al horno. Conseguíamos pan y recién hecho muy rico. Luego fuimos añadiendo ingredientes, enriqueciendo el pan, buscando alternativas a la función del gluten. Rubén, ideaba y experimentaba, jugaba con medidas, con mezclas de harinas, mimando el pan durante la cocción... hacíamos catas en casa de varios panes con diferentes fórmulas… Y logró un buen resultado. Buscamos en Madrid Goma Xantana que nos traían de Las Rozas. Luego conseguimos el Pysillium también en Madrid. Ahora todo eso lo tenemos más cerca en Celicatessen, en Coruña. Ahí conseguimos harinas y todo lo que necesitamos para hacer el pan. Siguió el reto, teníamos nuevos ingredientes que ayudarían a mejorarlo. Los primeros días con toda la despensa llena de harinas, comerciales y no comerciales, levaduras, gasificantes, agua con gas, Pysillium, Goma Xantana…. Las noches se hacían interminables, Rubén era feliz. Y no voy a engañaros, más de una noche no pude esperar al final del horneado, me vencía el sueño, pero él era incansable…
Después de lograr buenos panes: sabrosos, esponjosos y duraderos… seguimos trabajando, creando e investigando. Las masas son un mundo, lo que no podemos es dejarnos vencer por una o dos o tres o mil horneadas que salgan mal. A nosotros en más de una ocasión no nos salían panes, salían piedras. Pero ahora no se nos resisten.
Animaros a la aventura, que sea vuestro reto. Compartimos las recetas y los pasos con vosotros, los trucos, la marca o mezcla de harinas no comerciales y donde poder adquirirlo todo y estamos a vuestra disposición en el paso a paso si tenéis alguna duda.
Merece la pena la experiencia.
En otra ocasión os hablaré de cuando hicimos la primera empanada, pizza y empanadillas… ¡Ay, las empanadillas…!

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