HISTORIAS DE UNA MAMÁ: PEQUEÑOS GESTOS

 HISTORIAS DE UNA MAMÁ: PEQUEÑOS GESTOS

Para todo en la vida, la educación de nuestros pequeños es importantísima. Tenemos que tener en cuenta como son: su carácter, sus sentimientos, sus peculiaridades… para saber inculcar y corregir y al mismo tiempo tener en cuenta sus debilidades y cualidades para darles estabilidad y seguridad. Y hacer que estos pequeños niños vayan creciendo como personitas autónomas y libres.
Como sabéis yo tengo dos, una niña de 10 años y un niño de 4, los dos diferentes, los dos soles y los dos celiacos. Con ellos voy creciendo, sin duda, son mi mejor escuela y creo que nunca se alcanza un título, porque nunca se deja de ser madre o padre. Para mi es la experiencia más increíble que he vivido y que creo que voy a vivir. Como mínimo es inigualable.
¡Uy! Que me voy del tema…
En esa educación entra su condición de celiaco. Les enseñamos que tienen una cualidad que comparten con algunos niños y con otros no: que es su enfermedad celiaca. Les transmitimos que eso no les limita en nada y que su vida es de lo más normal (si hay que dramatizar o hacer tragicomedia mejor en privado). Al mismo tiempo, le explicamos de la manera más entendible que es la enfermedad celiaca y que pasa en su organismo. Les advertimos de los peligros y cuidados en la alimentación, especialmente cuando están fuera de casa: restaurantes, comedor escolar, cumpleaños, campamentos… Ellos, de una manera increíble, se hacen muy responsables y conscientes de su “peculiaridad”, una característica más de su persona, pero que no condiciona su YO para nada.
A la par vemos la necesidad de no solo educar a los niños celiacos, si no a su entorno.
Mi hija, que siempre llevó bastante bien su condición de celiaca y su dieta sin gluten, este año se resintió un poco. Tras varias vivencias, alguna de ellas cruel, la hicieron sentirse mal por el hecho de ser celiaca. Eso es lo que debemos evitar educando al entorno, pero no siempre podemos. En esas situaciones se hacen fuertes y maduran, pero es en esas ocasiones difíciles para ellos, cuando debemos recordar que no dejan de ser niños heridos (como muchos otros, por tener otras cualidades… esto es así de duro). Pero siempre hay alguien que nos da un ejemplo de solidaridad. En mayo fuimos a comer a un restaurante, en el cual, a pesar de haber reservado y saber que iban dos celiacos, no estaban del todo preparados, pero había comida para ellos. Su amiga Alba vió la situación y tomó una postura, si para su amiga no había lo mismo que para ella, entonces comería sin gluten. Así que, no solo comió menú libre de gluten, si no que comió hasta el pan y dejó pasar la ensaladilla (no apta) que tanto le gustaba.
De aquel día me quedo con la cara de asombro y de alegría de Sinaí y con la cara de Alba al probar el pan.
Son pequeños gestos que hacen, en la vida de una niña, la situación más fácil, más cómoda y porque no… más feliz.
Dámaris Gago.

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